HOMENAJE Y RECONOCIMIENTO A LA CAMARADA EVA ALFARO

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“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Bertolt Brecht

La camarada Eva Alfaro fue una mujer imprescindible. Una guerrera, una mujer adelantada a su tiempo, que supo vencer barreras y estar siempre en primera línea, allí donde el pueblo necesitaba organización, solidaridad y compromiso.

Desde muy niña tuvo que afrontar dificultades. Sufrió de poliomielitis y cargó con secuelas que dificultaban su desplazamiento; sin embargo, nunca permitió que fueran un límite para su vida ni para su militancia. Con alegría, carisma y empatía supo ganarse el cariño de jóvenes, trabajadores y de todas las personas con quienes compartió.

En la década del 70, Evita llegó a radicar en Chimbote. Eran años de gran efervescencia del movimiento obrero, popular y estudiantil; años de acercamiento a las ideas progresistas y de izquierda, marcados también por la influencia de las luchas revolucionarias de Cuba, Vietnam y China. En ese contexto se acercó a las organizaciones de izquierda y comunistas. La amistad con las hermanas Lili y Cristina Lau y con el acupunturista Nonato Kant facilitó este proceso, amistad que conservó hasta el final de su vida.

Después de la VI Conferencia Nacional, el llamado a ir a las masas básicas de la producción generó entusiasmo en los jóvenes comunistas y dio un nuevo impulso a la reconstrucción del Partido. Evita se incorporó al Partido Comunista del Perú - Patria Roja y participó en el Congreso fundacional del Comité Regional, que entonces abarcaba todo el norte del país, proponiendo el nombre de Puka Muru (semilla roja), previo a la VII Conferencia Nacional de 1972.

Evita fue destacada a Huari, su ciudad natal, para reagrupar y reconstruir el Partido. Allí desarrolló una importante labor de organización y educación con estudiantes secundarios, el magisterio y el campesinado, acompañada de una intensa actividad cultural y de propaganda. En esta ciudad contrajo matrimonio con José Rodríguez Tineo, militante comunista, y tuvo a su primer hijo. Posteriormente, por razones familiares, viajó a Chiclayo, donde vivió y nacieron sus tres últimos hijos. Finalmente llegó a radicar en Trujillo. Un accidente afectó aún más su salud y, una vez más, se reveló la enorme voluntad y energía de Evita para superar las dificultades, incluso aquellas que afectaban su capacidad para comunicarse.

El Partido conocía su espíritu comunista y su actitud militante. Allí donde residía, buscaba integrarse inmediatamente al trabajo partidario, sin exigir privilegios ni reconocimientos. Por sus propios méritos asumió responsabilidades en los comités regionales y desarrolló una actividad permanente junto a los

trabajadores cañeros, clubes de madres y campañas de alfabetización, destacando especialmente su labor con las mujeres. En diversas etapas fue responsable de este importante frente en la región y formó parte de la comisión nacional, bajo el liderazgo de nuestra querida camarada Lourdes Bruckmann. Participó activamente en las luchas sociales y en las tareas del Partido.

Evita tuvo muchas cualidades. Destacamos algunas:

Su profundo compromiso y espíritu partidario. Asumía con determinación aquello de “tarea dada, tarea cumplida”. Se desplazaba por diferentes distritos de Huari impulsando la construcción del Partido y participaba en escuelas campesinas en lugares muy distantes, incluso hasta el río Marañón, viajando muchas horas en carro y a caballo y poniendo en riesgo su propia integridad. Para ella no existía tarea imposible. Con esa firmeza y sencillez contribuía a formar a los jóvenes comunistas.

Fue una gran promotora de la organización y educación de las mujeres y la juventud. Participó en la organización de clubes de madres, comedores populares, rondas campesinas, organizaciones vecinales y campañas de alfabetización. Fue una firme defensora de los derechos de las mujeres y comprendió que sus reivindicaciones no podían separarse de la lucha contra las desigualdades y de la transformación social. Entendió que trabajar con las mujeres significaba también defender a las familias y proteger a la niñez, pero, sobre todo, reconocer el papel histórico de las mujeres como protagonistas de las luchas sociales y de la construcción de una sociedad nueva, sin explotación ni opresión.

Fue impulsora del arte y la cultura. Tenía una voz melodiosa y desde joven tocaba con gran destreza el piano y cantaba canciones, especialmente aquellas de contenido social y mensaje revolucionario. Participó en numerosas veladas artístico-musicales, siempre con gran acogida. Impulsó el teatro popular y campesino junto al profesor Horacio Chávez Díaz y el grupo teatral “Sed de Justicia”, generando entusiasmo entre jóvenes y docentes. Su labor ideológica y cultural fortalecía nuestra identidad y las ideas de cambio. Posteriormente llevó esa sensibilidad a la pintura, reflejando en sus obras el mundo andino y la vida cotidiana de nuestros pueblos. Con el asesoramiento del destacado camarada Sergio Aranda llegó a participar en exposiciones pictóricas.

Una de sus mayores virtudes, tan genuina como su alegría de vivir, fue su desprendimiento y espíritu solidario. Son innumerables sus iniciativas para compartir y ayudar. En 1973, durante el Primer Encuentro Nacional de Estudiantes Secundarios, cuando se agotaron los recursos y estaba en riesgo el viaje de la delegación de Huari, Evita vendió sus joyas, herencia de su madre y abuela, para apoyar a los jóvenes. Así era ella: siempre dispuesta a colaborar con los camaradas, las organizaciones en lucha y las causas justas.

Fueron también características y exitosas las pachamancas cuya preparación dirigía personalmente, buscando generar los mayores ingresos para apoyar a quienes lo necesitaban. Mención especial merece su solidaridad con las personas damnificadas por el Fenómeno del Niño Costero, para quienes realizó campañas y promovió la Asociación “Damas de Cao”, así como actividades para llevar alegría a las niñas y niños.

Evita sabía transmitir, con su preocupación y entusiasmo, optimismo para superar las debilidades y limitaciones del trabajo político y social. Procuraba participar en las jornadas de estudio, recibía con familiaridad a los dirigentes y, en sus breves intervenciones, siempre estaba presente la necesidad de fortalecer la unidad y valorar el esfuerzo colectivo. Su sola presencia era una invitación a la fraternidad, a la reflexión y al compromiso con el cambio. Así la hemos sentido siempre.

Por eso, Evita no se fue: sigue con nosotros. Su ausencia física se convierte en memoria viva y en compromiso. En tiempos de turbulencia, cuando puede resultar fácil renunciar a los principios, su nombre, su ejemplo y su obra nos acompañan y nos recuerdan que la transformación no la construyen individualidades, sino mujeres y hombres organizados, solidarios y capaces de poner el bien colectivo por encima del interés personal.

El pensamiento de Mariátegui, cuando nos dice que “la revolución que será para los pobres no sólo la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del espíritu”, expresa profundamente el sentido de la vida de nuestra camarada Eva Alfaro. En ella, la lucha política caminó junto a la cultura, la solidaridad, la alegría y el amor por nuestro pueblo.

Por ello estamos convencidos de que el camino recorrido por Evita y su legado seguirán acompañándonos. Su vida nos enseña que ser comunista no es solamente defender una idea: es vivirla con consecuencia, compartir, organizar, educar, luchar y construir colectivamente, con humildad y con esperanza.

Camarada Evita, hemos sido testigos de tu modestia revolucionaria, de tu alegría y de tu permanente afán por construir una cultura de unidad y solidaridad. Hoy, junto con recordarte, renovamos nuestro compromiso de persistir en nuestros ideales y de mantenernos leales a nuestro pueblo.

Como dijera José Domingo Choquehuanca:

“Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina.”

En este homenaje, una vez más:

¡Hasta siempre, camarada Eva Alfaro!

¡Gloria eterna a una mujer comunista, luchadora y solidaria,

comprometida con su pueblo!

¡Con tu ejemplo, seguiremos luchando y construyendo!

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